martes, mayo 15, 2012

Saramago: Desde la justicia a la democracia a través de las campanas..


En la víspera de la celebración del certamen electoral dominicano publicamos este excelente trabajo del portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura . Este texto fue leído en la clausura del Foro Mundial Social reunido en Porto Alegre (Brasil) el 6 de febrero de 2002. Un poco para reflexionar sobre esa palabra: Democracia, que según el humorista argentino Enrique Pinti, es como la saliva: todo el mundo la tiene en la boca pero nadie sabe de donde viene ni para que sirve.

OR

Imagen tomada de Revista Namaste (www.revistanamaste.com)
Desde la Justicia a la democracia a través de las campanas.

Comenzaré por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vida rural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace más de cuatrocientos años. Me permito solicitar toda su atención para este importante acontecimiento histórico porque, al contrario de lo habitual, la moraleja que se puede extraer del episodio no tendrá que esperar al final del relato; no tardará nada en saltar a la vista.
Estaban los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregado cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedido en el siglo XVI), las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar.
La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló.
Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral. Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. 'El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana', fue la respuesta del campesino. 'Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?', replicaron los vecinos, y el campesino respondió: 'Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta'.
¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiendolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia. Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia. Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la Justicia, y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucedió después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difunta la Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a la triste vida de todos los días. Es bien cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo...
Supongo que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, en que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la Justicia.
Nunca más ha vuelto a oírse aquel fúnebre sonido de la aldea de Florencia, mas la Justicia siguió y sigue muriendo todos los días.
Ahora mismo, en este instante en que les hablo, lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestra casa, alguien la está matando. Cada vez que muere, es como si al final nunca hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, para aquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a esperar de la Justicia: justicia, simplemente justicia. No la que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo. Una justicia ejercida por los tribunales, sin duda, siempre que a ellos los determinase la ley, mas también, y sobre todo, una justicia que fuese emanación espontánea de la propia sociedad en acción, una justicia en la que se manifestase, como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano.
Pero las campanas, felizmente, no doblaban sólo para llorar a los que morían. Doblaban también para señalar las horas del día y de la noche, para llamar a la fiesta o a la devoción a los creyentes, y hubo un tiempo, en este caso no tan distante, en el que su toque a rebato era el que convocaba al pueblo para acudir a las catástrofes, a las inundaciones y a los incendios, a los desastres, a cualquier peligro que amenazase a la comunidad. Hoy, el papel social de las campanas se ve limitado al cumplimiento de las obligaciones rituales y el gesto iluminado del campesino de Florencia se vería como la obra desatinada de un loco o, peor aún, como simple caso policial. Otras y distintas son las campanas que hoy defienden y afirman, por fin, la posibilidad de implantar en el mundo aquella justicia compañera de los hombres, aquella justicia que es condición para la felicidad del espíritu y hasta, por sorprendente que pueda parecernos, condición para el propio alimento del cuerpo. Si hubiese esa justicia, ni un solo ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la existencia no sería, para más de la mitad de la humanidad, la condenación terrible que objetivamente ha sido. Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan llegar a reconocer como intrínsecamente suya; una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones. He dicho que para esa justicia disponemos ya de un código de aplicación práctica al alcance de cualquier comprensión, y que ese código se encuentra consignado desde hace cincuenta años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquellos treinta derechos básicos y esenciales de los que hoy sólo se habla vagamente, cuando no se silencian sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día de lo que estuvieran, hace cuatrocientos años, la propiedad y la libertad del campesino de Florencia. Y también he dicho que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y como está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional y sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los seres humanos. Añadiré que las mismas razones que me llevan a referirme en estos términos a los partidos políticos en general, las aplico igualmente a los sindicatos locales y, en consecuencia, al movimiento sindical internacional en su conjunto. De un modo consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del adormecimiento social resultante del proceso de globalización económica en marcha. No me alegra decirlo, mas no podría callarlo. Y, también, si me autorizan a añadir algo de mi cosecha particular a las fábulas de La Fontaine, diré entonces que, si no intervenimos a tiempo -es decir, ya- el ratón de los derechos humanos acabará por ser devorado implacablemente por el gato de la globalización económica.
¿Y la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos para quienes significaba, en las circunstancias sociales y políticas concretas del momento, y según la expresión consagrada, un Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras, y de buena fe comprobada, y a otras que tienen interés por simular esa apariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia irrefutable la situación de catástrofe en que se encuentra la mayor parte del planeta, será precisamente en el marco de un sistema democrático general como más probabilidades tendremos de llegar a la consecución plena o al menos satisfactoria de los derechos humanos. Nada más cierto, con la condición de que el sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al que actualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático. Y no lo es. Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger nuestros representantes en el Parlamento; es cierto, en fin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un Gobierno.
Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia. Todos sabemos que así y todo, por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco más que un conjunto de formas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Y no nos percatamos, como si para eso no bastase con tener ojos, de que nuestros Gobiernos, esos que para bien o para mal elegimos y de los que somos, por lo tanto, los primeros responsables, se van convirtiendo cada vez más en meros comisarios políticos del poder económico, con la misión objetiva de producir las leyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los dulces de la pertinente publicidad oficial y particular, introducirlas en el mercado social sin suscitar demasiadas protestas, salvo las de ciertas conocidas minorías eternamente descontentas...
¿Qué hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las galaxias al efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a las congestiones de tráfico, todo se discute en este mundo nuestro. Pero el sistema democrático, como si de un dato definitivamente adquirido se tratase, intocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no se discute. Mas si no estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos, entonces, entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge, antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate mundial sobre la democracia y las causas de su decadencia, sobre la intervención de los ciudadanos en la vida política y social, sobre las relaciones entre los Estados y el poder económico y financiero mundial, sobre aquello que afirma y aquello que niega la democracia, sobre el derecho a la felicidad y a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad o, hablando con menos retórica, de los simples seres humanos que la componen, uno a uno y todos juntos. No hay peor engaño que el de quien se engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo.
No tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un instante de silencio. El campesino de Florencia acaba de subir una vez más a la torre de la iglesia, la campana va a sonar. Oigámosla, por favor.
Miércoles, 6 de febrero de 2002

viernes, abril 13, 2012

El Mirar de Miguelín.



Miguel D. Mena- Miguelín-, Doctor de la Universidad Libre de Berlín y Sociólogo de la UASD, sancarleño, hijo de Gavina, una de las mujeres más admirables de este país, ha desarrollado un mirar, una manera de ver a Santo Domingo realmente fascinante. Desde su Cielonaranja y su Poética de Santo Domingo ha diseccionado la ciudad  como nadie antes lo había hecho y lo ha expresado en un discurso coherente y crítico, estructurado a partir de los pensamientos  de Nietzsche, Heidegger, Foucault y otros filósofos, de la poética de Rene del Risco y del conocimiento de a pié de una ciudad que trata de retener en la memoria pero que a cada paso se le desvanece y ha hecho acopio de cuanta imagen de la ciudad ha podido conseguir o fotografiar el mismo para poder apresar en el Mirar lo que se le pierde en el  Vivir. Ese Mirar  lo había compartido con nosotros anteriormente en el ciclo de conferencias que nos regalara en octubre del 2009 y que ahora completa con el Mirar a la ciudad moderna y contemporánea.
Esta es una oportunidad para reflexionar lo urbano desde otra óptica: el Mirar de Miguelín. Debemos aprovecharla!
OR.

CURSO MIRAR SANTO DOMINGO II
SALON DE PROYECCIONES ESCUELA DE ARQUITECTURA Y URBANISMO DE LA UNPHU.
16-17-18 DE ABRIL
DE 6 A 9 P.M. 
COSTO: RD$3,000.00 PROFESIONALES
RD$ 1,500.00 ESTUDIANTES
INFORMACION ADICIONAL 809 562 6601 EXT. 2108


PROGRAMA 


Mirar Santo Domingo II (1961-2012)
[Curso de urbanismo, a cargo de Miguel D. Mena, 16-17-18 de abril del 2012]


La constitución del espacio contemporáneo dominicano –que estudiamos desde el cierre de la Era de Trujillo (1930-1961)- adolece de una teoría tanto de lo urbano como de lo arquitectónico.
En los últimos 51 años de historia nacional la relación campo-ciudad ha dado un giro radical a favor de la segunda. Los diferentes modelos económicos se han materializado en el espacio: desde el intento de superar el trujillato hasta mediados de los 60, pasando por las visiones napoleónicas de Balaguer, hasta llegar al modelo del “Nueva York chiquito” de Fernández.
Santo Domingo es una ciudad de torres, donde el tema esencial parece ser la movilidad y el transporte. Es una ciudad que necesita ser pensada desde una teoría crítica, que permita una lectura tanto de sus espacios más mínimos como del conjunto de su paisaje
En el 2009 ofrecimos la primera parte de este curso, “Mirar Santo Domingo”, donde brindamos una panorámica de los procesos de constitución urbanos desde finales del siglo XIX hasta 1961.
En esta segunda parte, abordaremos la constitución de los paisajes urbanos más recientes, tratando de determinar líneas de soporte y desarrollo, preguntándonos por qué Santo Domingo es así.
¿Qué significa “modernidad” en el país dominicano? ¿Cuáles son las propuestas arquitectónicas del Santo Domingo actual? ¿El “nitinesco”, el “neo-nada” o el “chopo style”? ¿Qué dirían Robert Venturi y Christian Norberg-Schulz del Santo Domingo del siglo XXI?¿Por qué no hay una fotografía consistente de lo urbano? ¿Qué significa "mirar" y "leer"?
Mirar Santo Domingo (1961-2012) es una convocatoria para arquitectos, fotógrafos, diseñadores, paisajistas, periodistas, historiadores, munícipes, escritores.
A partir de un buen conjunto de imágenes -la mayoría inéditas- trataremos de pensar estos 51 años de historia en los que al final, nosotros somos los sujetos.
El curso se ofrecerá del Lunes 16 al Miércoles 18 de abril, a razón de tres horas diarias, de 6 a 9 p.m. en el Salon de Proyecciones de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la UNPHU.


Miguel D. Mena (Santo Domingo, 1961). Estudió Sociología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y realizó estuios de Doctorado en la Universidad Libre de Berlín. Su tesis último versó sobre "Santo Domingo (1498-1521): Experiencia fundacional del Nuevo Mundo". Entre sus publicaciones, cabe destacar "Poética de Santo Domingo" (tres tomos), donde se estudian los fenómenos urbanos dominicanos del siglo XX.





PROGRAMA

12.04.2012. Lunes  (de 6 a 9 p.m.)
1.- Repaso a los principios de la modernidad arquitectónica bajo la Era de Trujillo (1930-1961)
2.- Estado, construcción y crisis (1961-1966)
3.- La Ciudad de Balaguer (1966-1968)
13.04.2012. Martes (de 6 a 9 p.m.)
1.- La Oficina de Patrimonio Cultural: entre la invención y la conservación (1968-74)
2.- Conservando, revitalizando y creando: Intervenciones en la Ciudad Colonial
3.- Cómo el Estado crea sus propios mitos: El caso del Parque Independencia (1974)
14.04.2012. Miércoles (de 6 a 9 p.m.)
1.- La ciudad post-Balaguer (1978-1986) y su vuelta (1986-1996)
2.- El desierto avanza (1996-2012)
3.- Alcances y sentidos del “Nueva York chiquito”: entre torres y highways.


domingo, marzo 18, 2012

Cronopiando: Emilo

Emilio está Bien.

Así nos informó  hace dos días su hijo André en un e-mail que enviara a los amigos de su padre:

La operacion fue justo como se esperaba, no hubo complicaciones, incluso duro menos de lo previsto (5 horas). Se le reemplazo la valvula aortica y la aorta ascendente, ambas de forma exitosa. Ahora mismo papi se encuentra en intensivo, estable. Los doctores dicen k de seguir asi, mañana luego del medio dia podra volver a su habitacion.
Gracias a todos,
André Brea C.Enviado desde mi móvil BlackBerry Orange.
Fotos de Cronopios antes de su viaje a ponerse bien, Con José Enrique y Conmigo (OR).

Ayer , Teresa, su hermana, me llamó para decirme que había conversado con Emilio que había salido de cuidados intensivos y  ya estaba en su habitación.
Emilio está bien, esa es una buena noticia!
OR

lunes, marzo 12, 2012

Cronopiando: Por la Salud de Emilio



















Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
 Julio Cortazar.Cronopios y Famas

En unas horas Emilio sale a ponerse bien allende los mares. Nuestros votos, pensamientos y oraciones van por él e invito a todos mis amigos –nuestros amigos – a que hagan lo mismo.
Emilio sale a ponerse bien y tendremos mucho Emilio por mucho tiempo.
No dejo de recordar aquel articulo sobre el congreso de la AIA en Varsovia que publicara en uno de nuestros periódicos que una vez, antes que las sociales y la farándula se lo comieran, tenía un suplemento cultural, y lo publicó con una famosa foto donde decía algo como “… el de la gorra blanca es el autor.” Aquel, y otros artículos, hicieron que Sheila, Edda, Manuel, Fátima, Angelita, Nouris y yo decidiéramos invitarlo a participar en el Grupo Nueva Arquitectura, como llamábamos al GNA antes que Emilio propusiera el Nuevarquitectura actual.

La llegada de Emilio fue un catalizador y de repente el Grupo estaba publicando artículos en los diarios nacionales y organizando eventos; recuerdo cuando organizamos Arquitectura Contemporánea  en la República Dominicana en Casa de Teatro en 1981 y teníamos una ponencia, la cual escribimos a dos manos sentados en el piso de la oficina  del Papá de Edda (creía que era de  Manuel, pero este me hizo la corrección) en la Pedro Henríquez Ureña en un verdadero “tour de force”, asi salió aquel trabajo “El Trasfondo de las Transformaciones Urbanas”. Esa dinámica permitió que cada día anterior a la publicación de la Hoja de Arquitectura que el Grupo publico durante dos años semanalmente, nos reuniéramos “ a ver que publicábamos” y siempre ocurrió la magia de  construir una idea que presentar a los lectores.

Actualmente trabajamos para sacar adelante la XI Bienal Internacional de Arquitectura de Santo Domingo y Emilio ha desplegado toda su actividad  para revisar, corregir y redactar lo básico para este evento.

La capacidad de trabajo, la inteligencia inquisitiva y la crítica certera y honrada, han sido las banderas de Emilio, intransigente con sus principios y sobre todo un gran amigo, un cronopio de rancia estirpe francomacorisana, el orgulloso “hijo de la viuda”, que vuela, raudo, a ponerse bien.
 Y aquí, todos, lo esperamos de vuelta.



OR

martes, febrero 21, 2012

Cuán público es nuestro espacio público: Golf en el Malecón




Una de las características del espacio público es el libre acceso.

Desde que se limita el acceso a un espacio , ya sea por pago de entrada o por membresía , el mismo pierde la característica de “público” y se entiende como un espacio privado que es usufructuado por un grupo de particulares, no importa que tan grande pueda ser este grupo, pues siempre el grupo que no puede acceder al espacio en cuestión siempre será mayor.

Se supone que el espacio público es además la expresión de la democracia urbana mas evidente.

Uno de los espacio públicos mas importantes de la ciudad de Santo Domingo lo constituye el paseo del Malecón, iniciado en los primeros años de la dictadura trujillista, enfrentándose el dictador a una rancia oligarquía urbana que era propietaria de los terrenos aledaños al mar.

Con el tiempo El Malecón se ha convertido en un espacio emblemáticos de la ciudad y el país, el espacio de celebración por excelencia a través de la historia moderna de la ciudad. Corsos floridos, desfiles militares, carnavales, la Feria del Merengue y cualquier otra celebración política o deportiva terminan o se realizan en este espacio maravilloso, cuyo paisajismo, sencillamente unas líneas  de palmas canas sobre le horizonte del Mar Caribe, es un poderoso ejemplo de lo caribeño.

Tantas cualidades en un frente marino siempre han despertado las  sueños de una ciudad mejor en un grupo y las ambiciones mercuriales o interesadas de los sicofantes de turno, en otro.

La franja costera del  Malecón, que es una zona protegida al estar declarada por la ley 305 del 23 de mayo de 1968 como Parque Nacional del Litoral Sur de Santo Domingo, es la gran ventana urbana hacia el mar Caribe, uno de los grandes aciertos urbanos de Santo Domingo, sin embargo no parece que las autoridades municipales entiendan el concepto de “Espacio Público” cuando se destapan anunciando que se ubicará una academia de golf en la franja costera, donde hoy funciona un helipuerto  abierto y donde hace algunos años se propuso una costosa estructura para un helipuerto turístico.

He planteado anteriormente que las propias autoridades son las que se descalifican como administradores del espacio público cuando insisten en traspasar su administración al sector privado, en otras palabras, cuando enajenan el  espacio, que debería ser de todos, a favor del capital privado. En el Malecón tenemos los casos de una serie de restaurantes que se han apropiado del frente marítimo frente a la Ciudad Colonial, otro restaurante, muy exitoso, que aprovechó la existencia de un cuartel policial en la franja costera para construir una edificación de dos niveles, la pista de go-cars, el helipuerto y ahora se pretende  construir una campo del deporte de campo mas elitista que existe ( averigüe usted cuanto cuesta un palo de golf!).

Así, poco a poco, dando pequeñas mordidas al espacio público, se va perdiendo la principal característica del paseo costero que tiene el Malecón: el que es un espacio de todos.

Me decía un buen amigo y funcionario municipal, que eso era para acercar aquel deporte al pueblo, y le contestaba que hay solo dos deportes realmente populares en el país: la pelota (beisbol) y el básquetbol y que con tal medida solamente limitábamos el acceso a un espacio que es publico por definición y que se pretende privatizar, me replicaba que el paisaje de un campo de golf embellecería la costa, y le decía que para embellecer no hay que tener un campo de golf sino la voluntad política de preservar el espacio publico para la ciudadanía, para TODA la ciudadanía y no solamente para los que juegan con la pelotita, que en el menor de los casos rompería muchos cristales de los vehículos que transitan por el Malecón.

Este seria otra muestra del síndrome de “bien muerto pero mal matado” de nuestro gobierno municipal.
OR

martes, enero 31, 2012

Güibia y las aceras de la ciudad

En diciembre del año pasado Cristóbal publicó este texto en el Listín Diario, y nos pide que lo compartamos con los lectores de PeNéLopE.
El Malecón fue objeto, en octubre del 2010, de uno de los foros de EspaciosUNPHU y en el mismo se presentó el diseño realizado por un grupo de arquitectos bajo la dirección de la Arq. Patricia Cuevas, aquel trabajo que había sido presentado al Concejo de Regidores y aprobado, es una propuesta de una calidad de diseño superior a lo que se ejecutó en Guibia; la pregunta obligada es ¿por cual motivo se cambió esta propuesta por la que se ha hecho? ¿qué alquimia política trasmutó lo bueno en lo menos bueno? Nunca llegaremos a comprender por que se prefiere no construir las propuestas buenas en favor de otras con menos bondades de diseño y no decimos que la intervención de Guibia sea mala, pero pudo ser mejor. De nuevo nos enfrentamos a la paradoja de Emiliano Tejera: Bien muerto pero mal matado.
OR

Imagenes del proyecto presentado por la Arq. Patricia Cuevas en el Foro EspaciosUNPHU y el cartel promocional del mismo




GUIBIA Y LAS ACERAS DE LA CIUDAD.
Arq. Cristóbal Valdéz
La nueva imagen de Guibia. Fotos iphone OR.




Debemos felicitar al Alcalde Roberto Salcedo por haber rescatado Güibia para todos los ciudadanos del Gran Santo Domingo y el país. Es una obra que re-inicia el adecentamiento de todo el Malecón como espacio público por excelencia de la ciudad.

60 millones de pesos invertidos para lograr espacios de sana diversión y esparcimiento valen la pena. Se abre de nuevo una ventana hacia el litoral, la playa y el mar caribeño. Santo Domingo, acostumbrada a vivir de espaldas al mar, abre una puerta integradora del paisaje marino y la ciudad empieza de nuevo a confundirse con el mar. Gracias Roberto.

Sin embargo, escapa a mi entendimiento, como se le otorga tanta atención a una obra puntual y millonaria, aunque necesaria, y sin embargo, las obras que son más baratas o gratis no les ponemos la debida atención.

Me refiero al espacio público que el sector privado construye todos los días. Los promotores de viviendas individuales, torres residenciales, edificios comerciales, etc., intervienen la ciudad diariamente y la construyen. Es la fuerza mayor en la construcción, tanto de la ciudad formal como informal. Este espacio público, las aceras, no le cuesta un solo centavo al Cabildo y a lo mejor por eso no lo atiende.

En días pasados me entretuve haciendo un conteo, en el Polígono Central,  y habiendo identificado 65 torres en diferentes etapas de construcción, sus aceras correspondientes, con un promedio de 30.00 metros de largo (2 kilómetros de aceras), habían sido abandonadas por el ADN y dejadas a la voraz discreción de los inmobiliarios. Con muy contadas excepciones, los anchos de las aceras habían sido marcadamente reducidos, las rampas de accesos vehiculares se iniciaban en los contenes o a medianía de acera, los árboles, en los casos que  eran plantados, sin un orden, relación o respeto a normativas existentes, los pavimentoscomo bien les pareciera o decidieran los desarrolladores, y un largo etcétera. Y el Cabildo ni por asomo asume su responsabilidad de gestionar este espacio público, el más cercano a los ciudadanos.

Estos espacios públicos, las aceras, repito, no le cuestan un centavo al Cabildo, lo único que tiene que hacer es asumir su responsabilidad legal de gestionar la ciudad, de hacer respetar las leyes, y las reglamentaciones vigentes.

No tiene personal de supervisión suficiente para hacer cumplir las leyes? Entonces que revise sus prioridades de inversión. 2 kilómetros de aceras se pudieron haber rescatado comoespacio público, el más útil para que la población pueda disfrutar de un entorno que enaltezca la calidad de vida de los ciudadanos que quisieran utilizar y disfrutar de la ciudad y el entorno donde viven. El espacio público de todos los días.

Menciono el Polígono Central porque es uno de los territorios que tiene normativas específicas, pero estos principios se pueden aplicar a todas las aceras de la ciudad, no importa el estatus social o económico de la comunidad que los habita.

Esto revela que el problema no es la existencia o no de las reglamentaciones, sino de la GESTION. Gestionar la ciudad es lo que debe hacer el Cabildo, con una idea clara de la ciudad que todos queremos, identificando las oportunidades que se presentan para aprovecharlas creando espacios públicos, que no cuestan dinero al Cabildo, pero si  necesarios para la vida cotidiana. No solo espacios costosos como Güibia.

Roberto, cuida también aquellos espacios públicos que no le cuesta nada al Cabildo, y que son fundamentales para el desenvolvimiento diario de todas las actividades de la ciudadanía. 

miércoles, enero 25, 2012

Rizomas de Luz: La Fotografía de Pablo Morel

Hoy sería el cumpleaños de dos de las personas más queridas: mi Madre, Marina Valdes Borges de Rancier y Pablo Morel. 
Hoy es un día triste y he querido celebrarlo, por  Mamá recordándola en mi corazón y con mis seres queridos; por Pablo,  reactivando PeNéLopE, en silencio desde que sufrimos aquel accidente donde se nos fue , justamente recordándolo en una de sus facetas mas interesantes: como fotógrafo.  
Hace algun tiempo escribí una nota sobre la fotografía de Pablo a requerimiento de Tobias Rijo que pensaba editar una revista de artes y turismo, creo; nunca supe si se editó la revista o si se publicó la nota y por eso he pensado presentarselas en esta edición de PeNéLopE.
OR, veinticincodeenerodeldosmildoce
Preparad el camino. foto de Pablo Morel. Tomada del blog de Fotogrupo

Rizomas de Luz
 La Fotografía de Pablo Morel

 Como medio, la fotografía se basa en capturar un instante del fluir espacio-tiempo, es, si se quiere, la congelación de un instante, un documento historiado, estático; no obstante Pablo Morel ha logrado vencer ese dilema del fotograma y se aproxima a la búsqueda de la captura del movimiento en la dinámica entrópica de la luz y  en la profundización de la atmósfera del ritual místico religioso que desgarra el velo del sincretismo cotidiano del dominicano común.
Sus fotos sobre la cultura marginal del Gagá o de la cultura oficial judeo cristiana, revelan las similaridades en las diferencias.
Pablo fotografía el “diferente”, dentro de su constate búsqueda del disenso como paradigma de la una concertación plástica.
Su trabajo son sendas que se bifurcan en la más pura de  las estéticas borgianas y se concretizan en la bifurcación rizomática dentro de una propuesta que, de alguna forma, prefigura la teoria de la complejidad y de la iteración.
Líneas de luces que parecen relámpagos horizontales pautan el trayecto procesional de los cirios y la superposición de imágenes por movimiento captan el dramatismo de los “seres”.
La contradicción del soldado romano mulato y del purpurado aristócrata se enfrenta al colorido de un “guloya” y la cara seria del maestro de la ceremonia en el batey profundo.
De este choque cultural brota una estética propia, casi antropológica, de un testigo de la transmutación espiritual, igual pero diferente, que enmarca los dos mundos de esta media isla...
La lección de Morel es la de igualar las manifestaciones religiosas, sin darle preeminencia a ninguna, un delicado equilibrio entre el sincretismo y la estética, entre el documento y el rito, entre el movimiento y la acción.
Rizomas, sí, un enredado entramado formal que se enmarca en una lucida propuesta estética cuyo chasquido, rasga el aire y su sonido se siente en el ojo.
 Omar Rancier

 Arriba Pablo y Omar en Jeremie, Haití, el día antes del accidente. Abajo con Marcelo Alburquerque y Harry Carbonell en un evento de EspaciosUNPHU.